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Estados Unidos propone destinar 1.000 millones de dólares en un plazo de 10 años para modificar la Ley de Privacidad y prohibir a las empresas de inteligencia artificial la venta de datos sanitarios
La senadora estadounidense Elizabeth Warren y la diputada Mary Gay Scanlon han presentado oficialmente la versión revisada de la Ley de Protección de Datos Sanitarios y de Localización, que ahora incluye explícitamente en su ámbito de aplicación a los sistemas de IA generativa. El proyecto de ley tiene por objeto prohibir a las empresas de IA y a los intermediarios de datos la venta de información médica sensible y de salud personal que los usuarios introducen en los chatbots.

Esta iniciativa legislativa aborda directamente los riesgos para la privacidad derivados de la creciente competencia entre los gigantes tecnológicos en el ámbito de las aplicaciones médicas. A principios de este año, Elon Musk animó públicamente a los usuarios a subir resonancias magnéticas detalladas y otros historiales médicos a Grok, de xAI, para poner a prueba sus capacidades de diagnóstico. Poco después, OpenAI lanzó un entorno seguro diseñado para gestionar historiales médicos, y Anthropic le siguió con una versión de Claude que cumple con la HIPAA. A falta de un marco federal unificado de privacidad digital, la protección de los datos de los usuarios sigue dependiendo en gran medida de las políticas de privacidad de cada empresa.
Para subsanar esta laguna, el nuevo proyecto de ley ordena a la Comisión Federal de Comercio que emita normativas vinculantes en un plazo de 180 días, destina mil millones de dólares a la financiación de la aplicación de la ley durante la próxima década y otorga a los fiscales generales estatales, así como a los ciudadanos a título individual, el derecho a demandar directamente a los infractores. Esta medida supone un giro normativo hacia la imposición de límites estrictos a los datos utilizados para entrenar grandes modelos de IA. A medida que las empresas tecnológicas utilizan cada vez más los datos biométricos como «combustible» para sus modelos, la legislación pretende recuperar el control sobre la privacidad personal, un paso con implicaciones duraderas sobre la forma en que el sector de la IA generativa gestiona los datos comerciales y cumple con la normativa emergente.
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